Capitulo V

EXISTEN LOS EXTRATERRESTRES?

CAPITULO V


Un nuevo hogar citadino 

Una noche, mientras mi abuela hablaba de mudarnos a la capital, algo muy raro comenzó a sucederme. Yo no entendía pero me puse muy inquieto; y extrañamente quería que llegara la noche. Pensé que si nos mudábamos a Santo Domingo iba a extrañar muchísimo a mi pueblo y a mis amigos mas que nada. Así que lo raro que sentía tenia una explicación, pero no encontré explicación a las ansias de que llegara la noche. ¿De que se trataba? no lo sabia pero pronto lo averiguaría.

Cuando por fin llego la noche, salí de la casa y me dirigí a un árbol de peras que había en el patio. Subí y contemplaba con mucho detenimiento las estrellas que esa noche brillaban como nunca. Miles de pensamiento pasaban por mi cabeza, pero había uno en especial que sobre pasaba los demás y no me permitía concentrarme en mas nada que no fuera en el. Se trataba del espacio que veía. Sí, se que es lógico, pero les puedo asegurar que aquello no era normal. El corazón me palpitaba , al ver el vecindario y saber que ahí se quedaría algo que era mas importante que mis amigos. ¿pero que era?

Mientras detuve mi vista en una gran estrella, un suave viento acaricio mi rostro, seguido de un frío que penetro la gruesa ropa y el acogedor abrigo que llevaba puesto; al mismo tiempo una estrella fugaz se hacia presente, seguí la cola de aquella estrella y cerré los ojos para pedir un deseo, cuando lo abrí, la estrella fugaz aun estaba corriendo. ¡Que extraño! pensé, estaba acostumbrado a ver estrellas fugaces pero ninguna duraba tanto con vida como esta.

De pronto, un gran numero de ellas aparecieron a los lados y detrás de ella y dejaron de moverse rápido, en cambio, lo hacían lentamente, como si fuera en círculos. Un segundo grupo de estas luces apareció a cierta distancia de las primeras, pero estas tenían colores. Se formaron igual que las primeras pero en vez de girar en circulo se mantenía quieta, mientras los colores variaban en ellas.

Esto me gusto verlo pero al mismo tiempo me asustaba. Sentía como si esas estrellas o luces querían decir algo. Me baje del árbol y entre a la casa para mostrarle a mi familia lo que yo veía en el firmamento. pero cuando salí con mi abuela ya no estaban. Como siempre, ella diría que era fruto de mi imanación y le di la razón, era imposible que las estrellas fugaces hicieran eso y pretendí olvidarlo.

Después de esto, como a la semana, ya estábamos en camino hacia Santo Domingo. Mi primer viaje fuera de Constanza, estaba muy exaltado y con mucha expectativa; decía que la capital era grande, con mucha gente y con muchas luces, eso, lo ultimo, estaba en mi cabeza e imaginaba que a las luces que se referían era a las luces extrañas que yo veía.

En el camino no recuerdo la salida de Constanza, pero si la entrada a la ciudad, a la capital; habían muchas casas grandes, como en las películas, edificios que nunca había visto personalmente. Muchos vehículos transitando juntos, enormes avenidas y sin duda mucha gente caminando. Por fin llegamos a la casa a la que nos mudaríamos, no en el centro de la capital, sino en un marginado barrio, casi a orillas de un río que divide la ciudad en dos. Los de la mudanza, junto a mi papá y mi tío, bajaron todo, cuando hubieron terminado, nos tiramos a descansar.
Llego la noche y un señor que al parecer conocía a mi familia ayudaba con el ordenamiento de la mudanza. La energía eléctrica se fue algo que muy rara vez sucedía en Constanza; comenzó a llover fuertemente y nos amontonamos en medio de todo el desorden de la mudanza. Mientras estábamos esperando que se restableciera el servicio y pasara la lluvia, un vecino y mi familia relataban historias de los campos, estableciendo la diferencia del campo a la ciudad. Fue ahí donde escuche algo que me dejo atónito.

El señor relataba cómo una noche de intensa lluvia estaba él aun por llegar a su casa en un campo donde trabajaba la tierra; en su afán por llegar a casa decidió caminar bajo la lluvia. Aunque estaba muy oscuro conocía el camino, el cual estaba resbaloso por la lluvia y el lodo no lo dejaba avanzar con rapidez. Dijo que después de un rayo miro como en el cielo se formaban unas luces, decía que había una mayor y que otro grupo le acompañaban, pero que otro grupo de luces se apareció en frente de las demás y que destellaban algunos colores. Yo me quede frió y sin aliento... ¡era imposible! ¿Como puede este hombre haber visto exactamente lo que yo vi, estando él en un pueblo lejos del mio; su descripción es exactamente igual a la mía... ¿sera posible que lo que yo vi no haya sido producto de mi imanación?...

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